Pues sí, que lo sepáis todos aquellos que no sois del club de Rouco y su peña, el día más feliz en la vida de un niño es EL DÍA DE SU PRIMERA COMUNIÓN. Claro, que no es ni por los regalos, ni por la bici que va adjunta al traje de marinero o novia en pequeñito. No, no. Es por el compromiso que supone el Sacramento de la comunión; es un momento que los niños de 9 años afrontan con una madurez absoluta. ¡Hay que joderse, y mis hijos se lo van a perder! Primero porque no están bautizados, segundo porque me niego a hacer bautizo y comunión en la misma semana, tercero porque no voy a hacer a mis hijos de un club al que no pertenezco y cuarto y último porque, por lo pronto, el niño grande ha dicho que a él no le disfrazo de marinerito ni de coña.
¿Recordáis el día de vuestra primera comunión? Yo sí, y como este es mi blog, os lo voy a contar. Esto es como ir a casa de unos recién casados, te ponen el video de la boda y de la luna de miel sí o sí. Para eso es su casa. Y si no te mola, te vas a la tuya.
Pues eso, que yo me acuerdo de mi Primera Comunión como un día sin excesiva gloria. Fuí de corto, porque mi madre es de las que lo aprovecha todo, incluso el traje de la comunión! No podía ser largo porque así luego me lo podía poner los domingos para ir bien guapa. Que digo yo, casi todas las niñas se lo compraban largo y luego sus madres, muy apañaditas ellas, se lo cortaban y lo llevaban como yo todos o casi todos los domingos de ese año, desde mayo hasta septiembre. Además mi hermana había hecho su primera comunión dos años antes, también de corto, y no iba a ser yo la niña mimada...
Yo, como la niña buena que era, madura a más no poder y muy elocuentemente le dije a mi madre: "claro, mamá, mejor corto."
Era muy divertido, parecía que vivíamos en Sevilla, tol día de jarana, era la celebración eterna del día del Corpus. Era como un Día de la Marmota pero en vez de con un bicho, con un traje de mini-novia.
Comimos en casa, mis padres,mi hermana, mi abuela que vivía con nosotros, mis abuelos de Madrid y una prima y claro yo. No nos habíamos visto mucho antes, pero esta prima y yo nos pasamos toda la tarde haciendo el camino que había entre mi casa y el kiosko de helados más próximo. Creo que probamos todos los sabores y todos los modelos.
En fin, que salvo por el tema de los helados, no recuerdo ese día como el más especial de mi vida de niña.
Y ahora la parte buena, os permito, aunque este sea mi blog, que me contéis si en realidad sí que es el día más feliz en la vida de un niño,¿qué recordáis de ese día?
:orejas: os estoy esperando