martes, 15 de marzo de 2011

DESPERTARES II




Despertó y sintió el frio del espacio vacío a su lado. Él no estaba, nunca había estado.

Cada noche soñaba que se acurrucaba a su lado y disfrutaba, deseaba, amaba, sonreía... soñaba.

Sintió el frío de las sábanas que no habían arropado a nadie. Lloró lágrimas calientes que portaban todo su amor, su pasión. Rodaron por sus mejillas y su cama se inundó de pasión; pero él seguía sin estar allí. Soñar no fue suficiente.

Si Clint estuviera aquí...

Siempre me quejo de la radio local, como dirían unos "tontusos" que yo me sé, se me hace bola, muuuucha bola ;) . De coña, suelo decir que si no tuviera puesta la radio en el dial de la emisora local no me enteraría de las cosas que pasan en el pueblo, quien se muere, cuando cortan el agua, la luz... esas cosas.

A cambio tengo que aguantar el super-programa de felicidades, en éste pasa de todo, gente que se emociona, a gente que le sorprenden al más puro estilo "Sorpresa, Sorpresa", la señora llama para felicitar a su marido, que es un ángel, y el locutor, con la superioridad de quien tiene información privilegiada, le sorprende con una carta del "ángel" diciéndole que es la mujer más maravillosa del mundo mundial y ella llora en antena.

Pues sí, así es la radio de mi pueblo. Con sus sevillanas, sus canciones de tuna y algunas que parece que se les han colado por la puerta de atrás, ahora mismo se han infiltrado Pignoise.

Pero hoy, hoy, hoy... me ha parecido estar inmersa en una peli de Harry el Sucio, sí, Clint, mi adorado Clint, ese que te da dos yoyas y luego pregunta, si te pones medianamente chulito. Clint, el que nos llevo de aventuras por la campiña francesa para buscar un tesoro nazi, Kelly. Clint, el que se dejó embaucar para hacer los jodidos Puentes de Madison con la sra. Streep. Clint, el que se dejó matar en Gran Torino para entrullar a los japos cabrones. Ese, Clint, Clint Eastwood.

Pues eso, que segun iba en el coche en uno de mis paseitos mañaneros, han puesto las noticias locales.

"La guardia civil del puesto de Navalmoral de la Mata encontró ayer el cadáver de un hombre semi-desnudo y maniatado en el maletero de un coche, con evidentes signos de violencia. La causa evidente del fallecimiento es el apuñalamiento. Vecinos de la calle dónde estaba aparcado el vehículo llamaron avisando del mal olor que salía del coche."

¿Os lo podéis creer? Y todo esto ¡¡justo al lado de mi casa!!

¿Vendrán los del C.S.I? Bueno, reformulemos los pregunta, ¿vendrá Horatio y sus colegas? Porque como vengan los pringaos que nos llenaron la oficina de polvitos negros imantados la última vez que nos "robaron"...
. Lo entrecomillo porque no se llevaron nada, que digo yo... se podían haber llevado unos pocos de papeles y devolvermelos colocaos... Pos no, no se llevaron ná.

En fin, que, puede que en una ciudad grande, estas cosas pasen a diario, pero en mi pueblo, de 18.000 hab de derecho, los demás son unos chupones, estas cosas no pasan. Y no es que me alegre, que pobre hombre, nadie debería morir así. Pero estas cosas pasan.
Pero no queda ahí el asunto. Me he conectado y he ido a la página del diario Hoy y me he encontrado con esto, la noticia tiene un pase, aunque este periódico no se distinga por su calidad, pero los comentarios, los comentarios!!! Guaaaaaaaaah!! Son, y perdón por la expresión, "pa mear y no echar gota".
Ya sabéis, Hoy.es y la página de Navalmoral, en Provincia Cáceres, :p

viernes, 11 de marzo de 2011

Comiditas: noche italiana











Ya iba tocando una de comiditas, no?

Pues sí, hoy toca una de cocina. Pero cocina de la de no tardar mucho, nada elaborado, de comer con las manos, que les encanta a los niños y a los grandes. Yo no lo como, pero eso es por otros motivos. Pero sé que está buena, muy buena, riquíiiiiisima. Ya sabéis de lo que estoy hablando, verdad? Siiiiiiiiiiiii , esta vez toca PIZZA, y no una pizza cualquiera que compras congelada y al horno y ya está. Se trata de pringarte un poquito, sin exceso, eh?

La masa la compramos hecha, que así ahorramos tiempo y esfuerzos.
Cuando hacemos una pizza tenemos un sólo dilema, ¿qué le ponemos encima? Porque eso de que las más ricas son la Margheritas es una mentira como que todos vemos a los leones del Serengeti en la 2 todas las mediodías que estamos en casa y tenemos tiempo. ¡Mentiraaaaaaa! A los que os quedáis sobaos en el sillón, os lo perdono. Eso sí, a los que véis programas denigrantes sobre los famosos, casposos y asquerosos... no me lo digáis nunca, no os lo perdonaría.
A lo que íbamos, que me disperso.
Mi pizza, como podéis ver en las fotos, es de carne, para más señas de ternera y cerdo. Se hace fácil, fácil.
Extiendes la masa sobre un papel para horno, en ese momento justo, ponemos el horno a calentar a todo trapo. Bien, extiende una capa generosa de tomate frito sobre la masa, sin pasarte que luego chorrea y es una guarrería. Puedes añadirle un poquito de ajo molido, pero igualmente, no mucho, que luego nadie querrá besarte. Ponemos una capa muy muy generosa de queso para pizza. Aquí se puede ser un poco pijo y elegir mozzarella, es más cara, pero está más rica.
En una sartén ponemos un chorrito de aceite de oliva, cuando esté calentito ponemos la carne picada, la salamos y le echamos las especias que más nos gusten. Yo pongo ajo molido, cebolla en polvo, orégano y albahaca. Pero cada uno es libre de añadir lo que quiera, es su pizza, algunos le ponen salsa barbacoa... Aunque si para niños, no es muy aconsejable.

Una vez que la carne está hecha, la ponemos sobre la mozzarella, (he asumido que todos somos muy pijos). Otra capita de mozzarella por encima de la carne, ésta no tan generosa, otro poquito de orégano y albahaca y AL HORNO!!
Bajamos la temperatura del horno hasta una posición media entre 150º y 200º. Para los hornos que tienen números en vez de grados, no tengo ni repajolera idea, pero yo diría que una cosa media, ni muy caliente ni muy frío...
Cuando nuestra pizza tenga un color dorado pero la mozzarella siga hirviendo y haciendo pompas gigantes en sus superficie, la sacamos. Se acabó.












lunes, 28 de febrero de 2011

Dejar de fumar





Vaya por delante y antes de nada que he dejado de fumar porque me ha dado la gana; que mi decisión de abandonar este mi único vicio confesable no ha estado influenciada por ninguna de las últimas decisiones de los "iluminados" que forman parte del gobierno actual de este país.
Y una vez dejado claro este punto, vamos al turrón.

Dejar de fumar es quizá una de las decisiones que más trabajo y menos me ha constado en mi vida. No, no estoy siendo contradictoria. Durante mi vida de fumadora lo he dejado tres veces, cada vez que he estado embarazada. En esos momentos, la decisión fue fácil, no así dejarlo, pero sí decidir que quería dejarlo.

Sin embargo, dejar de fumar porque sí, porque hoy es hoy, porque me da la gana y quiero, sin estar enferma, sin toser por las mañanas, sólo porque creo que ha llegado el momento ha sido difícil y duro.
Abandonar esta costumbre implica cambiar de hábitos, no os imagináis la cantidad de cosas que un fumador tiene asociadas al tabaco. Paso a enumerar:

Tomar café, con un delicioso piti como compañía.

Montar en el coche, poner música y para estar en la gloria... encender un cigarrillo.

Comer un caramelo de menta, acompañado de un cigarro

Tomar una copa, por supuesto, fumando, porque si no, no sabe igual. No sé a qué sabrán ahora las copas, creo que fumaba antes de tomarme mi primera copa.
Acabar de comer, y fumar un cigarro de postre.
Esperar un tren, autobús, avión....encender un cigarro.Es como un reclamo, llega rápido.

Esperar cualquier otra cosa, fumando
Relajarse, fumando un cigarro cómodamente en el sillón.

Afrontar una situación delicada, encender un piti.

Tener que tragarte un cabreo, fumando

Enjugar unas lágrimas, mejor con un cigarrillo.

Concentrarme para escribir, un pitillo siempre ayuda.
Obviamente hay otros pitis en los que muchos estáis pensando, que ni los voy a nombrar, pero esos también han sido un hábito.

Ahora que todos, todos esos pitis han desaparecido me siento como esas veces que sales de casa y vas todo el rato pensando: "se me ha olvidado algo y no sé lo que es". Es una sensación muy desagradable, si esto dura mucho tiempo pensaré que tengo Alzheimer.

Llego a cualquier sitio, saco el movil del bolsillo y acto seguido miro en el bolso, y no sé que pasa, vuelvo a mirar y veo todo el revoltillo de cosas que llevamos las mujeres en el bolso y me quedo mirando como una idiota, hasta que me doy cuenta de que lo que estoy buscando es el paquete de tabaco y el mechero.

Lo peor no es creer que estoy senil con mi edad, que ya sería una putada y muy gorda. Lo peor es que cuando dejas de fumar todo huele raro, mi casa lleva oliendo a comida desde el sábado, no soy capaz de quitarme ese olor. Todo huele como si hasta ahora hubiera tenido puesta una pinza de la ropa en la nariz, muy intenso. En algunos casos es bueno, en otros... no tanto.

Hay más cosas malas, pero ya me habían avisado, así que no me asusto. Esta mañana estaba afónica como después de un sábado de Carnaval de otros años, de hace muchos años, porque creo que hace tres que no salgo. Dicen que te sientes realmente enfermo, es una de las etapas por las que pasas cuando dejas de fumar. Pasas por un resfriado mocoso que ni un Inistón concentrado puede hacer nada por salvarte. Según dicen toda la flora de la garganta y demás sitios arrasados por el humo de los cigarrillos se tiene que regenerar. Debo de estar hecha de buena pasta si ya huelo como huelo.
Así que nada, si me véis por ahí olisqueando como un chucho, o mirando al bolso con cara de atontada, o buscando algo en el asiento del acompañante del coche... no os asustéis, es que estoy dejando de fumar.
En fin, que necesitaba escupir todo esto o así lo he hecho.

domingo, 27 de febrero de 2011

El Espacio Vital






Se llama Proxémica a la ciencia que estudia la distancia que mantenemos las personas unas con otras dependiendo del grado de confianza que exista entre nosotros. Los expertos en la materia señalan que esta distancia oscila entre los tres metros y medio, que es la distancia media que mantenemos con un extraño que nos pregunta por la calle, y un metro y medio cuando la confianza es mayor. Yo añadiría que la distancia se puede ver sustancialmente reducida cuando la confianza es extrema, incluso invadida. Pero bueno, vamos a lo que vamos.


Os estaréis preguntando a qué demonios viene la tontería esta de la Proxémica, que habrá cuatro expertos en ella y que no lo saben ni sus familiares más cercanos.


Pues bien, todo viene a los incómodos que podemos llegar a sentirnos cuando alguien "invade" lo que nosotros consideramos "nuestro espacio vital". Esa gente que se acerca demasiado, tanto que podrías adivinar qué comieron hace dos semanas; esos que sin ningún miramiento te tocan cuando acabas de conocerles. Esos que nos resultan, por lo menos a mí, pegajosos y desagradables.


Pues bien, si lo justo es, vamos a decir, dos metros de media y el sábado éramos 16 personas en el campo, en la parcela que ese día habíamos decidido que sería nuestra, los que llegaron después deberían haber mantenido un mínimo de 320 metros (si no se me ha olvidado multiplicar de cabeza) y no aparcar sus p*t*s coches junto a nuestros niños que jugaban en una manta, por ejemplo, o aparcar su pedazo de moto cerca de donde jugaban porque lo peor no es que se cayese la moto, sino que se cayese sobre uno de los enanos.


Pues bien, cual es la reacción lógica a una invasión del "espacio vital", la defensa. Nos defendemos de distintas maneras. Ya sea un , "uys, perdona, voy a ver a Fulanito que me está haciendo señas" (mentira cochina, es que ya no soportas más su alitosis); o... un "¿nos sentamos?" (seguro que las sillas están más alejadas que lo que ést@ se está acercando); también, podemos recurrir a un repentino ataque de tos, soltarle unos cuantos perdigonazos de saliva y esperar que el "arrimamiento" no sea con el fin de conseguir un intercambio de fluidos, porque en este caso, le molará el anticipo y la habremos jodido.


¿Cuál fue nuestra reacción el sábado? Pues la más lógica. La defensa.


1.- Según se alejaban de nuestro estimado "espacio vital" dejando allí su asqueroso coche, alguien gritó " ¡¡¡Niño, niño, suelta esa piedra!! ¡¡No se la tires a ese coche que no es de los nuestros!!! ¡¡Lo rayó, ya lo rayó!!!! ¿¡¡Tenéis al niño asegurado!!? Respuesta: "Sí, asegurado, vacunado y con el chip puesto".


La reacción del dueño del coche no fue tan graciosa, al menos para él; nosotros estabamos apartando las lágrimas de los ojos para poder verle, mientras el ingenioso de nuestro grupo seguía narrando las barbaridades que "el pequeño le hacía al coche invasor del "espacio vital" mientras el dueño se giraba insistente y desconfiado viendo que ni nos movíamos de las sillas para parar al niño que iba a agredir a su apreciado vehículo.


2.- ¿Cuál es el momento de más dudas cuando vas a pasar un día de campo? Localizar un lugar cercano, aunque no mucho, y bien escondido para poder hacer aguas menores, (las aguas mayores se hacen en casa). Pues bien, dado que entre nuestros coches y el "coche invasor" había quedado un lugar muy cuco, la reacción lógica fue marcar el territorio,¡ por supuesto! Así pues, el "propietario invasor" se llevó un coche bien marcado por una meada femenina, lo juro, no fue mía, soy lenta de reflejos y no se me ocurrió.


Otro detalle que no tuvieron en cuenta los propietarios de los "coches invasores" fue la música. Es fundamental llevar un pincho con música cuando vas al campo, claro éste se pone en el reproductor convenientemente enchufado al mechero del coche... ¡ah! pero ¿y si tu coche lo has dejado en el quinto coño para dar por culo a unos que llegaron los primeros y pillaron el mejor sitio? Pues te jodes y no pones música. Escuchas la música que han llevado los "invadidos".
No sé si les gustaría mucho o nada mi música, pero me la suda; sonó Elvis, Sinatra, Ella Fitzgerald, Louis Amstrong... y todo lo que a moi le dió la gana. ¡Hale, a pelal'la!

viernes, 18 de febrero de 2011

CON DISIMULO



No, no, no me mires, si te he visto. Ibas mirandote con disimulo en los escaparates de las tiendas. En el de caballeros te pusiste el pelo tras la oreja, en el de señoras decidiste que mejor suelto. En el de moda joven, has pensado que los picos de la camisa por fuera y en el infantil los has vuelto a colocar debajo del cuello del jersey.

Soy ese que siempre mira cuando los demás se esfuerzan en disimular. Veo al que se saca un moco que le estaba molestando toda la mañana, al que le “toma la matrícula” a su compañera cuando ésta se va al café. El que ha oído que tus tripas rugían de hambre y tú has movido las llaves con disimulo dentro del bolsillo del abrigo para tapar ese feroz sonido.

Soy el que sabe que detrás de tus gafas de sol has mirado al macizo que cruzaba por el paso de cebra. El que sabe que te sonrojaste al sonreir al bellezón que te abrió la puerta.

Veo a los que se comen una “chuche” en la tienda, mientras la cajera no mira, a los que se limpian los restos de la copa porque un hielo traicionero se ha dado la vuelta cuando bebían, a los que hacen malabarismos por quitarse un trozo de papel higiénico que se les ha quedado pegado en el zapato cuando fueron al baño. Te he leído los labios cuando cantabas en inglés sin saber exactamente qué decías

Te veo arrimar la nariz a tu axila cuando hay un olor sospechoso en el ascensor, sonreir después y acto seguido mirar con disimulo a los demás ocupantes. Soy el que de lejos, te ve inspeccionar a tu alrededor cuando has tropezado y milagrosamente has mantenido el equilibrio.

¡Te he visto! Escribes ese informe como si te fuera la vida en ello, cuando en realidad estabas buscando ofertas de última hora para las vacaciones de Semana Santa. Y deja de toser, ¡por dios! Que todos sabemos que hoy comiste alubias.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Migas



¿Que os parece si regresamos un poquito a las recetillas de cocina?
... (cri, cri, cri)

Vale, interpretaré vuestro silencio como un sí rotundo.
Hoy he pensado, qué frío, y llueve, y apetece estar en casa, calentitos, sentados a una mesa camilla, con faldillas, con brasero; en un sillón de lujazo con una mantita de peluche, ¿a que sí? Por supuesto, en estos días desagradables para algunos, pero entrañables para otros a quienes nos repele el verano y el calor, lo que apetece comer, sin lugar a dudas, es una comida consistente, con fundamento (y lo he dicho sin el perejil de Arguiñano en la oreja). Pues bien, vamos a hacer unas migas.

En mi pueblo las migas se hacen colorás, o lo que es lo mismo, con pimentón. Obviamente, que el pimentón sea de la Vera, nada de otras cosas que venden por ahí. Prohibido usar el pimentón que venden en el Mercadona que es como unos polvos rojos que bien valdrían para teñir un cubo de pintura plástica.

Yo siempre las hago con pimentón dulce, pero, para los más atrevidos, podéis usar el picante, allá vosotros... quiza vuestro cucu os lo eche en cara al día siguiente.
Allá vamos. Las medidas y cantidades, como bien sabéis en mi blog va a ojímetro. Es decir, nunca será demasiada panceta, ni chorizo, ni pimientos, ni sardinas, ni uvas, ni café con leche o chocolate, jeje. Huevos, sí, con uno por cabeza, será suficiente.
No, no, no vamos, que se me olvidaba. El pan. Lo podéis comprar en cualquier tienda donde vendan pan ya que últimamente se ha puesto muy de moda tener unas bolsacas gigantescas de "pan pa migas", aunque mi consejo es que os lo curréis y piqueis el pan en casa. Si tenéis thermomix, estáis de suerte, si no, cuchillo y paciencia, chat@s. El motivo de no comprar las bolsacas de "pan pa migas" es que en éstas mezclan distintos tipos de pan, baggette, viena, de pueblo y todos los tipos de pan que tengan en la tienda, con lo cual el resultado no es tan delicioso. Comprad un buen pan y picadlo el día antes, lo remojáis un poquito y lo dejáis en una fuente cubierto con un paño de tela. Yo además lo meto en una bolsa de plástico. Manías mías.
Si os habéis fijado antes, a las migas se le pueden poner muuuuuuuuuuuuchas cosas. Lo básico, panceta y chorizo. En casa de mi madre, siempre se fríen pimientos secos, a veces se fríen sardinas, yo nunca las hago, pero esa es una cuestión entre las sardinas y yo. En algunos sitios se comen con uvas, incluso con melón. Hace poco, una amiga nos las puso con un picadillo de tomate y cebolla si no recuerdo mal, también muy ricas.
Y para beber, en mi opinión, un buen vino, tinto,of course. No me paga ninguna bodega por nombrarles, pero aún así yo elegiria... un valor seguro Marqués de Cáceres, si queréis probar algo nuevo... mmmmmmmm PradoRey, tinto (el verdejo está que te mueres, pero no lo veo con las migas), o, ¿Cómo no?!! un Habla, los del año 2010 son el nº 6 y el nº 7, aunque por esos te soplarán 22€ como poco, así que podéis comprar un Habla del Silencio por 8€ y no os decepcionará.
Hay a quien le gustan con café con leche o con chocolate a la taza, para mí de esta manera sólo para desayunar, pero cada cual es muy dueño de comerlas como quiera.
Vale, al tajo.
Ponemos un perol grande en el fuego. Si es muy grande mejor, tendremos para hacer muchas o pocas, y así se remueven mejor. Si no sois muy tradicionales y no tenéis un perol, si os van más las cosas de cocina un poco pijas, un wok también vale. Necesitaremos una buena espátula de madera, cuchara, pala o tenedor, con lo que cada cual se maneje mejor.

Echamos un buen chorro de aceite de oliva en el perol. calentamos y echamos unos dientes de ajo, los doramos y acto seguido, añadimos la panceta y el choricito partidos en trocitos, ni muy grandes ni muy pequeños, que se sepa lo que es, no sólo cachitos de chicha indeterminados. Una vez bien fritito todo esto, lo retiramos del aceite y reservamos.

Cuidadito, que ahora vienen las curvas. Lo difícil, que las migas sean migas y no unas tostadas desmigajadas, ni una pasta con pinta de gachas que no se puede comer.
Bajamos el fuego del aceite, que no se churrasquen nada más echarlas. ¡Venga! Echad las migas al perol. Las habíamos humedecido antes, pero si las notamos un poco secas, podemos añadir un poco más de agua, y... REMOVED! REMOVED! REMOVED! Hasta que se os ponga cara de esclavos remeros de un barco romano. Si os gustan sabrositas y la "sustancia" que han dejado los ajos y la panceta y el chorizo no fuese suficiente, podéis poner un poco de sal en las migas. ¡Ah! Y por supuesto el pimenton. Dependerá de la cantidad de migas, pero entre la puntita de una cucharilla de café si son pocas y una cucharilla entera si son más.
¿Ya? ¿Tenéis ya los musculos de Popeye en el brazo derecho, o en el izquierdo si sois zurdos? ¿Tienen vuestras migas la apariencia de las que seguramente hace vuestra madre magistralmente? Pues, ale, ¡a la fuente! Las acompañas del choricito frito, la panceta, los pimientos, huevos fritos, las sardinas, las uvas...
¡¡¡Que aproveche!!! No ha sido tan difícil, ¿no?