miércoles, 18 de enero de 2012

Cosas que pasan




Hoy he estado en Madrid, en realidad en las cercanías de Madrid, Navalcarnero, Móstoles, Alcorcón, Boadilla, Brunete... Donde únicamente he estado es en Majadahonda.


Yo iba a mi revisión traumatológica, pero he estado a punto de sufrir un trauma. He sido presa de unos pocos topicazos, de esas situaciones que habitualmente crees que sólo salen en las películas y en los sketches de humor.


Por ejemplo, al llegar al parking del hospital, había una rubia con un Smart, muy mona ella, buscando aparcamiento y hablando por teléfono a la vez. ¡¡¡ Pero tía!!! ¡Con un Smart no tienes que buscar! Sólo lo metes en el primer huequito que veas.


Pues bien, he pensado que una hembra de Golden Retriever será la única rubia lista que conoceré. Sin acritud, ¿eh?


¿Seguimos? Claro, claro, ha sido un día muy fructífero en en pensamientos tontos.


Llego al mostrador de recepción para ver en qué consulta está mi médico y como si tuviese la lepra, todas las señoritas han salido huyendo. Cabronas... Hay un chico también, pero siempre está hablando por teléfono y además es algo desagradable. Yo creo que no habla con nadie, es sólo que tiene vocación de famoso, lo que yo no sabía es que yo tuviera cara de paparazzi.


En fin, que tras entrar en la consulta y salir antes de la hora a la que estaba citada, se ha cumplido otro topicazo lamentable, la sanidad privada funciona mejor que la pública.


Por cierto, estoy muy bien, otro mes mas de rehabilitación y me vuelve a ver. Su consejo: no tengas prisas, no corras; para correr estoy yo, lo que quiero es que me dejes conducir.


Sigamos. Quería comprar café, así que al salir hemos parado en un Starbucks. Me encantan los cafés de allí, que además de estar muy ricos te los ponen en tamaño King Size. He comprado un café de Guatemala con notas de limón y chocolate negro con un nombre muy prometedor, Casi Cielo, otro Arábica de distintas procedencias y una latita de té, Earl Grey Tea con bergamota y lavanda, una delicia. Probadlo si no lo habéis hecho ya. Sí, sí, todo muy pijo, jejeje. Como todo lo de esta tienda, hasta los precios.


Ha entrado un chico muy majo y ha pedido dos cocacolas. No sabía lo que era un jodido Starbucks.


La dependienta le ha dicho muy amablemente que no sirven ese tipo de bebidas, aunque yo creo que le hubiera gustado decirle que no servían ese tipo de "bebidas asquerosas", porque ella trabaja en un Starbucks, un sitio pijo, selecto y de buen gusto. Como los dependientes de Desigual, que son los elegidos de entre los dependientes del mundo mundial. Si el chico le pide una magdalena de esas deliciosas, enormes, de chocolate, de frutos secos... en vez de una "muffin" la dependienta de lujo se le habría tirado al cuello y yo me habría descojonado allí mismo.


De todos modos, el mejor rato ha llegado después, cuando ya había pagado y me iba.


Una niña muy mona de unos 25 que miraba las tazas mientras yo terminaba, ha pedido un "capuccino de fresa con leche desnatada". A mí me ha recordado a esa escena de Tienes un E-mail" en la que un chico pide "un Mochaccino descafeinado con leche desnatada y con sacarina." Yo he buscado a Meg Ryan y a Tom Hanks, incluso he puesto cara de Carry Bradshaw, muy neoyorkina yo.



-"Sin nata, ¿verdad?- ha dicho la dependienta.


-"Obviamente"-he pensado yo.


-"No, no",- ha dicho la del Capuccino de fresa con leche desnatada,- "con nata".


¡¡¡¡¡¡Juassssjajajajajajajaja!!!!!! Chata, tú tienes una amiga rubia que conduce un Smart, ¿no?

miércoles, 11 de enero de 2012

Palmeritas de Azúcar



Ésta es una de esas recetillas del pánico. Esas que siempre es bueno conocer para los días que de repente tienes gente a tomar café y no tienes nada más que unas tristes galletas maría.

Necesitamos una placa de pasta de hojaldre. Así que seremos prácticos y el próximo día que compremos metemos una placa de hojaldre y la congelamos esperando el día que podamos necesitarla. O bien la hacemos en cuanto lleguemos a casa y probamos a ver qué sale. Que también es importante. Yo siempre digo que cuando quieres quedar bien debes hacer algo que ya sepas que te sale bien. No probar con las visitas, para eso están los de casa.

A ver, que me pierdo: Placa de hojaldre y azúcar. Ya está, eso es todo lo que necesitamos.

Extendemos la placa de hojaldre sobre la encimera. Sobre el papel de horno que viene siempre. Ponemos azúcar sobre el hojaldre, bien extendido. Apretamos el azúcar contra la masa con un rodillo, pero sin extender la masa.

Doblamos los dos extremos de la placa hasta la mitad. Volvemos a poner azúcar y otra vez los extremos hasta la mitad. Azúcar otra vez y doblamos hasta que nos quede un rollito. Lo apretamos suavemente con el papel de horno.

Con un cuchillo grande cortamos trocitos de nuestro rollito de aproximadamente 1cm.

Colocamos los trocitos en la bandeja de horno sobre el papel. No olvidéis dar una vueltita de 90º a los cachitos, y así ya veréis que tiene forma de palmerita. Si queréis los podeis aplastar un poquito con la hoja del cuchillo, pero poco, eh?

Al horno, que habremos pecalentado a 170º mientras trabajabamos.

10 min, hasta que estén del color deseado.

Otros 2 minutos del otro lado y LISTO! A COMER!

Es importante que el horno esté caliente ya cuando metamos las palmeritas, porque si no no subirán tan rápido como queramos. Además, debemos colocar bien separadas las palmeritas porque crecerán y así no se pegan.

Es aconsejable poner una cafetera en el mismo momento en que encendamos el horno. Así lo tendremos todo listo a la vez.



miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Compra

Antes de comenzar, he descubierto que no soy la única en el mundo con pensamientos tontos, jajajaja.


Como para el resto de aspectos de mi vida, para hacer la compra también soy anárquica. Yo no tengo ningún método, ni sigo un orden cuando estoy en el supermercado.

Yo pululo por la superficie.

Cuando entro me lo propongo firmemente. Es como si pretendiese hacer un ritual. Pienso: "¿Tengo las bolsas? Sí; ¿tengo moneda para el carrito? Sí; Vale, ya puedo empezar, primero lo grande para asentarlo en el carro."

Pero eso es sólo un propósito, cargo la leche y el aceite y empieza el caos.

Cuando paso por los congelados y meto algo en el carro, pienso: "debería dejarlo para el final, no se vaya a descongelar..., pero... bueno... no voy a tardar tanto; los huevos... debería ser al final del todo, no se vayan a cascar con algo que ponga encima... bueno, no importa, ¿el pan de molde? dónde no se espachurre... ¡jodo!¡ Acabo de poner una caja de galletas encima!"

La última vez, la bolsa grande, la bolsa térmica especial para congelados y la mini-bolsa estúpida no han sido suficientes. He tenido que meter cosillas sueltas en el carro, además del aceite y la leche. Colocando cosas en las bolsas soy de lo mejorcito, pero... no ha sido suficiente, no cabía todo.

Compré tantos lácteos como si tuviera una piara de hijos. Eso, entre otras muchas cosas. Menos mal que las fechas de caducidad de los lácteos sólo son orientativas, o al menos eso dice todo el mundo. Incluso he oído decir que si la tapa no se ha abombado, siguen estando buenos. Aunque también sé, por experiencia propia, que algunos yogures, sin tener la tapa abombada, incluso sin estar caducados, no son aparentemente comestibles.

Sinceramente, a mí no me molesta ir al super, sólo cuando estoy muy cansada, o cuando hay mucha gente, o cuando se me ha olvidado la lista, o cuando no la he hecho, pero... en terminos generales, no me molesta hacerlo.

Si voy sola, que no siempre es así, me da tiempo a pensar; aunque sólo sea a planificar qué es lo que voy a cocinar durante la semana. No para ponerlo en este blog, sino para tener algo que comer en casa. Sí, sí, lo sé, lo correcto sería primero pensar qué voy a cocinar y luego hacer la compra, pero soy yo... ¿recordáis? Me sé la teoría, pero soy incapaz de aplicarla.

La cuestión es que en mi casa se come como en un restaurante y no porque yo cocine muy bien, que haciendo un derroche de modestia diré que es cierto. El motivo es que mi niño pequeño es alérgico al huevo, mi costillo y mi niño grande comen casi de todo, salvo mucho pescado y muchas verduras si no están transformadas en puré o salsa. Y yo estoy eternamente castigada.

Además, si es verano, no apetece comer cocido, ni patatas con costilla ni nada que se meta en la olla y se hace mientras tú te dedicas a otras cosas, ya sean lentejas, garbanzos o patatas.

Así que en verano me tengo que estrujar las meninges y cocinar arroces, fideuás, ensaladillas desprovistas de verduras y hortalizas... o simplemente cosas que son tradicionalmente segundos platos, hacerlos consistentes y que así sirvan de primero y segundo. Sin olvidar las muy socorridas pastas, claro está.

Pero sigamos con la compra. Lleno el carro hasta los topes y me dirijo a las cajas. Todos buscamos la cola más corta, aunque igual que cuando vamos en coche, las colas cortas son las que más tardan. Seguramente al cliente que está antes que tú se le habrá olvidado pesar un melón, o unos dulces, o se le ha roto un paquete de azúcar, o mil posibilidades que tienen siempre el mismo resultado. "Señorita Jennifer, acuda a caja 2." "Responsable de frutería acuda a caja 2."

En mi opinión, no deberían decirlo así, deberían decir: "a ver, que a otro gilipollas se le ha olvidado pesar la fruta, que venga alguien a solucionarlo que tengo una cola que ni Dña. Manolita en campaña Navideña."

¡Joder! Que todos sabemos que hay que pesar las cosas, que bien que sostienen en vilo la bolsitas sobre la báscula para engañar, digamoslo así.

Otras veces te llega la típica señora mayor con su cartoncito de leche, o su kilito de arroz, que te dice: "¿te importa que pase? Sólo llevo esto." Pues no, señora, no me importa que pase, pero... lo que yo digo es, ¿por qué tenemos que ponerle una alfombra roja a esta señora y que pase la primera y no me la ponen a mí que llevo el carro hasta los topes y me voy a fundir 150€urazos? Vamos, que si yo fuera el dueño de una cadena de supermercados a todo aquel que llevase el carro hasta la bandera le haría un homenaje tipo a que todas las cajas se encendiesen con un derroche de lucecitas y sonido y mientras los cajeros le hiciesen la ola en vez de ponerte una mala cara del copón como pensando: "¡jodo! ¡pedazo carro! Verás lo que va a tardar ésta." Y entonces empiezan a pasar tu compra por la caja cada vez más rápido. Oye, que yo alguna vez he pensado: "que le pongan a la caja un chute de algo que está fibrilando", "carga las palas a 120 y echúfaselas al sensor en el "corazón." "¡Se nos va! ¡Se nos va!" "¡Masaje cardiaco!"

El último día que he ido a comprar, además de tener que sufrir a la señora del kilito de arroz, que yo creo que hace vereda del super a su casa para no hacer cola, he sufrido a una tipa de esas que siempre había pensado que no comen. Son altas, guapas, tienen tiempo de peinarse y maquillarse todas las mañanas, trabajan, tienen mascotas y a las ocho de la tarde están tan estupendas y radiantes como a las ocho de la mañana.

Ella, la perfecta, ha entrado a la vez que yo en el supemercado, ha hecho la compra en el mismo tiempo que yo y ha bajado al parking conmigo en el ascensor.

¡Lo juro! Tenía el maquillaje como recién aplicado. Ni una grieta, las pestañas perfectas, hasta los labios estaban como recién pintados. Lo dicho, no come, aunque quizá sea señal de que tampoco besa, mmmmmmmm ... ¡no lo siento por ella! ¡que se joda!

En fin, que al llegar al parking, he visto un precioso Audi A4, negro, nuevo, mega-limpio, y justo he pensado:"como se monte en el Audi me jode el día"

Pues sí, me lo ha jodido, pero no, no se ha montado en el Audi, se ha subido a un Mercedes biplaza, gris metalizado y super-mega-deportivo de la muerte. ¡Qué assco! Y yo con mi mono-volumen funcional en el que he tenido que apretujar la compra junto a la silla del niño (que es McClaren, eso sí) una moto sin ruedas y tres balones de fútbol.

Debería haber apuntado el día y la hora que era para no volver a cruzarmela.

martes, 13 de diciembre de 2011

NO SE LO DESEO NI A MI PEOR ENEMIGO



Puede que el título de la entrada de hoy os dé pie a pensar que estoy sufriendo mucho. Pues no, bueno, no negaré que siendo como yo soy, esto de depender de alguien hasta para que te ponga los calcetines es una putada. Pero, cuando quien me pone los calcetines es mi compañero, mi mejor amigo, mi marido... pues no es tan humillante. Es más una muestra de amor, gracias cariño, te quiero.

En fin, a lo que iba. No entiendo la frase del título.

Hace unos días sufrí el dolor de cabeza más horroroso de mi vida, acompañado de nauseas, vómitos y una llorera incesante. Cuando intentaba explicar cómo me sentía no encontraba las palabras.

Esa frase venía a mi cabeza una y otra vez.

Habría sido algo así: "Tengo un dolor de cabeza que no se lo deseo ni a mi peor enemigo." Pero... ¡¿Cómo se puede ser tan gilipollas?!

En el supuesto caso de que yo tuviese un peor enemigo, SÍ que le desearía ese dolor de cabeza. Porque... ¿Para qué están los peores enemigos entonces? ¿Para odiarles a muerte y al final ser idiota y no desearle el peor de tus males?

Lo malo, en cierto modo, es que yo no tengo un "peor enemigo", ni siquiera un "enemigo" a secas. Creo que tengo amigos, conocidos, viejos amigos que pasaron a ser conocidos, conocidos que fueron amigos y por las cosas de la vida dejaron de serlo... no voy a seguir rizando el rizo, que me pierdo y las combinaciones son muchas. Combinaciones de x elementos tomados de y en y, jajajaja tonterías de las que se acuerda una.

"Los amigos se eligen, la familia te toca." No recuerdo bien quien lo dijo, pero es una gran verdad.

Yo elijo a mis amigos y realmente no son muchos, o sí.

Podría distinguir entre dos grupos de amigos, simplificándolo mucho.

Los amigos íntimos. Da igual si les ves a diario o tardas meses en conicidir. Son aquellos con quien no tienes reparos en llorar o reir según se tercie. Aquellos que pase el tiempo que pase, siempre recuerdas cuando hablas de amigos.

Luego están los amigos, que éstos sí puedo decir que son muchos. Esas personas que te agradan y, por lo general, tú les agradas a ellos. Les aprecias, aunque no les quieres como a los íntimos.

Yo reconozco que me encanta compartir unas risas con mis amigos, aunque sólo a los más allegados les permitiría verme en mis peores momentos.

A lo mejor fue una casualidad, pero ese viernes que creía que era el peor día de mi vida, allí estaba un amigo, de los íntimos, para ayudarme a entrar en mi casa, con mi mala cara, ojeras y cargando con mi torpeza en todo su esplendor. Casualidad o no, allí estaba para arrancarme una sonrisa cuando peor me sentía como sólo él sabe.

"La familia te toca." Pues sí, esa es otra gran verdad. Aunque a veces tenemos suerte.

No me quejaré de mi familia, ni de la política ni de la de sangre. Y no os equivoquéis, no somos la Tribu de los Brady. Por dios, no! No quisiera serlo tampoco. Discutimos, tenemos ideas diferentes de las cosas, de la manera de hacer nuestro día a día, pero ahí estamos siempre cuando hace falta. Ahí están ahora que les necesito, incluso ahí están cuando tienen que llevarme la contraria para enseñarme los distintos modos de ver la vida. Ahí estáis cuando quiero un abrazo o simplemente tomar un café. No sólo para las cosas malas. Para compartir alegrías también.

Besos a todos, a la familia, a los amigos, a todos, incluso a los conocidos, porque en algún momento hubo algo que nos hizo coincidir.

viernes, 25 de noviembre de 2011

POR LAS MAÑANAS

Como sabéis, salgo todas las mañanas, por lo menos una vez, a hacer recaditos y mandaos. La mayoría de los días tardo poco, Banco, Correos y vuelta a la oficina.

Otros, como hoy, cuando a todo bicho viviente se le ha ocurrido sacar el coche para ir a dar una vuelta al mercadillo o a comprar el periódico, pues me doy dos o tres o cuatro vueltas intentando aparcar en la zona del banco y otras tantas en los alrededores de correos.

Estos días son más amenos, aunque tarde más y lleve el agobio de no conseguir aparcar o de que haya cola en el banco... Normalmente, aparco lejos de todos los sitios a los que voy y por ello tengo que darme el paseito de rigor. Aprovecho para mirar todo lo que otros día me pierdo.

Hoy he visto a una "moza" entradita en muchas carnes que no lo sabe, con unas botas de esas de mosquetero que le sentaban como un tiro, con una falda que parecía la carpa de un circo y con más productos en la cara y en el pelo que en todas las estanterías del Bodybell. Por dios, que alguien le regale un espejo.

A mi nariz han llegado aromas de todas las tapas de los bares por los que iba pasando, (y yo con un café soltero en el estómago!!!) Al llegar al banco, un intenso olor a churros ha borrado todos los anteriores, mmmmmmmmm ¡Chocolate calentito! he pensado. Y es que a mi me gusta más el chocolate que los churros, vamos que puede que sea que los churros me gustan si son con chocolate, si no... paso.

No ha faltado en el camino de vuelta algo que borrase de mi mente el dulce y cálido sabor del chocolate... ¡qué assssco! un pedazo de pota enorme de fideos, lo juro, eran fideos.

Los pensamientos tontos que habitualmente pululan por mi mente tampoco han faltado.

1º¿Por qué hay señoras que piensan que si tienen el pelo sucio y se lo recogen en una coleta no se notará?

2º(este es muy habitual) Tras aparcar el coche en doble fila delante de la oficina de Correos, cojo las llaves del apartado, la tarjeta del coche y salgo a jarapo sacao a por el correo mientras pienso... "si vienen los municipales a multarme les digo: mire sr. agente, si no llevo ni el bolso, sólo la lleve del buzón, no iba a tardar" ¡¿Cabe en alguna cabeza humana que eso me librará de la multa?! En la mía no, pero siempre lo pienso.
3ºConclusión tras cruzarme con varias señoras. Las gitanas llevan zapatillas estar en casa, las moras babuchas. Todas sin calcetines ni medias ya sea invierno o verano.
4º¿Por qué le echo una moneda al señor del acordeón, si ni me voy a parar a escucharle? Porque me encanta comenzar a oir su melodia a lo lejos y dejar de orila poquito a poco mientras me alejo.
5º(aproximandome al coche) Miro desafiante al de la zona azul y pienso: "Ya puedes tachar mi matrícula de la libretita." Que lo sepáis, esto me lo dice la experiencia, apuntan la matrícula cuando te ven que te vas sin pagar y si tardas un rato más del que a ellos les da la gana, te cascan la multa. Si llegas antes, tachan el número.
Un día de estos, dejaré de tener pesamientos cuerdos y sólo se me ocurrirán estas cosas... ains.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Alguacil Dogberry Verato


Ayer estuve en un restaurante chino que tiene un nombre peculiar, como de Tebeo, Fu Li Tu, que en Chino puede que signifique algo muy profundo, filosófico y trascendental, pero a mí me resulta muy parecido a los nombres que inventaba Ibañez para ambiertar las historias de Mortadelo y Filemón, (primer pensamiento tonto).

Recogimos la comida y al salir, casi me choco con un muchachito algo más bajo que yo que tenía una mirada algo extraña. Que a veces una piensa, juer, tan fea no soy para que se asuste tanto, y además, ni nos hemos rozado... Pues no, no fui yo la que le asustó, es que el muchacho ya venía asustado de serie.

Mientras yo cruzaba la calle en dirección al coche, ¡¡él se fue por la misma acera simulando que iba montado en una moto!!!!

Pensamiento tonto: ¡¡Dios mío!! ¡En Jaraíz tienen un "alguacil Dogberry" que en vez de ir a caballo va en moto!

Lo que empezó siendo una mediodía muy oriental, por la comida, acabó siendo Shakespeariana total.

Estuvo mal, pero la mala persona que hay en mí salió de lo más profundo de mi ser y soltó una carcaja terrible. No pude reprimirme. Afortunadamente el ruido de la moto no permitió que el pobre muchacho me oyese.