lunes, 9 de mayo de 2011

una semana

Érase una vez un lunes recién parido con zapatos nuevos de charol con lazos rojos, con las trenzas peinadas y oliendo a colonia de limón. Érase un lunes nuevo, nuevecito que olía al plástico de la cabeza de las muñecas.





Después vino un martes de km 0. Reluciente y brillante. Casi sin estrenar por lo hecho en un lunes perezoso y sin ganas de nada.





Siguió ún miércoles que era como el chopped del sandwich del colegio. En el medio, mediocre, que no era ni jamón ni queso, era chopped, fiambre mediocre en el que nadie se fija. Sin lazos, sin las ventajas del un km 0. Un miércoles sencillo y apocado al que no le gustaba llamar la atención.





El jueves llegó casi sin avisar, sigiloso y de puntillas se colocó en medio de la semana contando el sábado y el domingo. Calladito pero prometedor, tanto como que era el día que precedía al viernes.





El viernes, día con expectativas donde lo haya, brillante, picante, caliente, atractivo, sensual... el viernes es un día con un sex-appeal que ni Vigo Mortensen, Brad Pitt y el actor de Spartacus todos juntos. ¡¡Es el viernes!! ¡¡Es San Viernes!! El Día por Excelencia. Seguro que Dios creó ese día todo lo que merecían la pena, todo lo bueno, todo lo que engorda y todo lo pecaminoso y divertido.





Once upon a time un sábado sabadete que llevaba camisa nueva y un sueño en el bolsillo para amar y soñar por la noche. ¿Qué más se le puede pedir a un día que llega al final de la semana y después de un viernes que es santo?





Por fin, llega el domingo, día festivo, día de zapatos de tacón. El día del Señor. El día en que el buen rollo del viernes y los sueños del sábado se han esfumado y va llegando el olorcillo de los días laborables; las largas tarde ociosas esperando que el día de "fiesta" termine para volver a la rutina.





Una Semana

martes, 3 de mayo de 2011

El día perfecto

Hoy ha sido un día de esos que cuando está terminando dices, "uff, soy estupenda. Hoy ha sido el día completo." He ido a trabajar por la mañana, por la tarde también. Ha sido un día intenso. He hecho la compra, he ido a por los niños, he salido a caminar mis 5km diarios en 1 hora, he vuelto a casa, me he dado una ducha, he hecho la cena, la comida de mañana, he visto terminar el partido del siglo de esta semana, he visto ganar a mi equipo, pasa a la final de la Champions y algunas personas me han dichoque mi blog les gusta.... ¿qué más puedo pedir?

Si hubiera conseguido estar peinada, pintada y haber hecho desaparecer el grano que tengo hace una semama, habría sido la leche.


Pues ya lo sabéis, hoy creo que soy estupenda, mañana dios dirá.


Hoy he cocinado Crema de Calabacín y Pollo en salsa, otro día os digo como lo hago, :)


Besitos

martes, 26 de abril de 2011

Tele tienda

Reciba, sin gastos de envío,
su sonrisa restaurada y blanqueada,
fácil de montar,
sin baterías,
biodegradable,
autoadhesiva,
inodora,
a prueba de bombas,
retransmisiones bélicas en directo,
genocidios,
intervenciones aliadas y ataques a objetivos no civiles
que al final resultan ser un puente, una fábrica,
quién sabe si algún parque,
eso sí, no civil.

Pruebe sin compromisos
nuestra sonrisa
sometida a los mejores controles de calidad
y vuelva a brillar con luz propia
en todo tipo de acontecimientos.

Si no queda conforme,
le devolvemos su tristeza.

Irene Sánchez Carrón

jueves, 14 de abril de 2011

Cocinitas de Semana Santa

Pues sí, no podía faltar una entrada de Cocinitas en esta época, pre Semana Santa, que no se puede o no se debe o lo que cada uno decida, comer carne. Eso sí, ¡se pueden hacer unos postres, que no llevan carne, que te quitan el sentío! Ya sea leche frita, arroz con leche, sapillos, torrijas... vamos una carta entera sólo de postres y delicias deliciosas.

Para los no iniciados en el mundillo de postres de la zona, diré que los sapillos son unas bolas de pan rayado fritas, que se bañan luego en leche con azúcar, canela, cáscara de naranja o limón y bolitas de anises. Vamos, se dejan flotando en la leche, en la nevera, pa que esté fresquitos y son una de las cosas más ricas que podrás comer.

Pero no, no os voy a enseñar a hacer sapillos, jaja, para eso que Antonio se decida un día y nos lo cuente, que según dicen las buenas lenguas, le salen muy bien. Yo os voy a contar como hago yo el arroz con leche, que cuando no me queda duro... jjijijijiji por la prisas, lo hago muy rico.


Hacer arroz con leche con una receta mía es muy difícil, por el tema de las medidas. El famoso "ojímetro". Todo el mundo dice que para el arroz, el doble de líquido que de arroz, pero claro, entramos ahora en el problema que yo me planteo. Si el arroz es del redondo SOS de toda la vida, esa medida, que es casi tradición, pero... ¿y si el arroz es largo? Que según los expertos, que yo he leído mucho, se tiene que cocer unos 10 min más... ¿cuánto líquido? ¿Y si se trata de ese maravilloso arroz bomba que anuncian los futboleros, a la vez que nos recomiendan un ron que "nisu" lo conoce? Vamos que es una incognita total el líquido que necesita un puñao de arroz.


Que yo tengo las manos de una talla 6 en los guantes de fregar, jajajaja, ¿qué talla es un puñao? En fin, después de plantearos mis dudas existenciales en cuanto a la manera de cocinar el arroz... para que os comáis un ratito el tarro, pasemos a la elaboración del delicioso arroz.

Ah! que no, ¿que os da igual? Beatriz, pregúntaselo, ¿se queda encendida la luz de la nevera cuando cierras la puerta? (Para aquellos que no puedan soportar la duda, este blog les remite a Raúl Albino, te instala una mirilla en 0.2)

¡Al lío!

En una cacerola grande, ponemos 1litro de leche. (No os hagais ilusiones que no os voy a dar medidas). Echas azúcar hasta que, probándolo, quede a tu gusto; unas bolitas de anises, un palo de canela, y la cáscara de una naranja, (a mí me gusta más que el limón)

Mientras la leche se calienta y comienza a hervir, echamos el arroz en un chino o un colador grande y lo lavamos para quitarle el almidón. Bien lavao, eh? nada de mariconadas de un chorrín de agua y ya está. Lo dejamos escurrir bien, para que no se agua la leche.

Cuando la leche hierva, la colamos, para quitarle las bolas de anís, que no es muy agradable encontrarselas luego; en cuanto a la canela y la cáscara de naranja las podemos dejar cuando echemos el arroz, que son cachos grandes y se apartan fácil.

Echamos el arroz, (yo calculo que unos tres puñaos de la talla 6 de guantes de fregar), en la leche caliente y toca remover. El fuego lento, en mi vitro al 3, en la vuestra... no sé. si es fuego de gas, muy muy bajo, que calienta más.

Debe hervir hasta que algunos granos de arroz comiencen a abrirse, que querrá decir que ya está tierno. Además no importa que el arroz se pase un poco, estará más blandito. La leche ha de quedar cremosa. Alguna vez, yo le he echado un chorrito generoso de nata, y queda rico, pero ya sabéis, un segundo de placer en la boca y toda la vida en las caderas... vosotros mismos.

Si mientras se está cociendo el arroz, notáis que se os queda seco, bien porque vuestros puñaos no son talla 6, o porque el arroz bomba necesita más leche o porque os habéis pasado con la intensidad del fuego... pues echáis más leche, que no hace falta que yo lo diga, que es de "cajón de madera de pino", jeje.

Y ya está. Lo dejáis enfriar en la nevera y si os gusta y a quienes se lo vayan a comer les gusta, lo espolvoreáis con canela molida. Si la canela no es del agrado de todos, la ponéis a parte cuando lo sirváis.

miércoles, 13 de abril de 2011

Te regalo un cuento, por Jorge Gonzalvo Díaz

(Es algo que encontré por ahí, me encantó y he querido compartirlo)

Te regalo un cuento. Podía haber sido un paseo por el parque o una canción a medio hacer. Una carta de amor, un capuccino en tu plaza favorita o un truco de magia sin ensayar apenitas. Pero no. Quería que fuera un cuento. No para después de hacer el amor ni para que nos echemos de menos. No para que suene el Adaggieto de la quinta de Mahler, ni nada por el estilo.Te regalo un cuento para que puedas hacerlo tuyo dibujándole una narizota, para que lo compartas con tu vecina de escalera o con tu gato. Para que elijas la banda sonora que te apetece que suene de fondo mientras lo lees. Yo tengo mis canciones para escribirte. Tu las tuyas para leerme. Te regalo un cuento para que puedas llevarlo contigo, dobladito en el bolso, o entre las páginas de un libro de Benedetti. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer con él una pelota de papel, arrojarlo por la ventana y mirar complacida cómo lo atropella un autobús. Para que lo fotocopies mil veces y le entregues una copia a quien más te apetezca. Para que envuelvas con él una manzana o para colgarlo en tu pared. Para que le claves alfileres los días en los que me matarías. O para apuntar encima del título el teléfono de tu banco.Te regalo un cuento improvisado. De esos que empiezas a escribir sin pensar y que no sabes cuándo acaban. Te regalo esta noche y todas las demás. Te ofrezco mi sonrisa non stop, sin conservantes ni colorantes. Aún a riesgo de poder ser acusado de alevosía y nocturnidad, y aunque puedan encontrarse muchos más agravantes.Te dejo abierta la ventana para que te cueles, para que me espíes ésta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que me cuides un poco sin que yo lo sepa. Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en el que buscar la manera de encontrarse. Te regalo un cuento que habla de amigos y de sueños, de noches de verano pegajosas, de mí mismo mientras me imagino tu cuarto desde lo alto del cielo, antes de lanzarme en picado sobre tu almohada. De kamikazes que se estrellan en tus brazos y que no vuelven a despegar, ni falta que les hace.Te regalo el kit completo de cariño, el maletín mágico con el que jugabas de niña a maquillar muñecas y cocinar guisos de plastilina mientras yo fabricaba dinamita con el Quimicefa. Te regalo un cuento indeterminado sin pies ni cabeza, sin trama ni desenlace final, sin argumentos y sin actores de reparto. Sin moraleja. Y si la tiene, que sólo tú la conozcas.Lo único que necesitas es apagar la luz, cerrar los ojos y la puerta de tu habitación, no necesariamente en ese orden. Dejar que te lea al oído, olvidarte de las facturas y del telediario. Quererme un poco más que hace cinco minutos y hacérmelo saber, de alguna manera. Te regalo un deseo. Llenarte de unas ganas locas de reír y de que salgas corriendo en busca de una diadema bonita para el pelo. Que necesites llamarme y te encuentres pidiéndome que apague la luz, que cierre mi puerta y entonces, empieces a leer el mismo cuento que estás leyendo ahora. Y ojalá no podamos dejar de llamarnos cada noche, para contarnos el mismo cuento. Toda una vida.Un cuento para llevarte de viaje, y para leerle a tus hijos y a los míos, a tus nietos y a mi abuela. A las calles y a los parques. Te regalo un cuento sin papel de colores ni un "espero que te guste". Sin aplicar el IVA y sin descuento por pronto pago. Un cuento que habla de ti y de mí, que pueda leerse cualquier día del año, a cualquier hora, sea cual sea tu estado de ánimo o tu sabor favorito de helado.Te regalo este cuento.

martes, 12 de abril de 2011

La Bella Durmiente

-"Su tarjeta de embarque, por favor"- dijo la azafata. "57E", añadió monótonamente, con una sonrisa que no correspondía a su tono de voz. "Al final, junto a la ventana."

-"Gracias", dijo él. Marcos se dirigió al asiento que le habían indicado.

Con dificultad, caminó por el pasillo del avión esquivando, a otros pasajeros que metían sus equipajes de mano en los compartimentos superiores. Miraba hacia el suelo, era ya una costumbre. No era un hombre agraciado, y decirlo así era una manera muy suave de describirle. Era moreno, tenía el mentón prominente, las cejas muy pobladas, oscuras; los ojos muy azules y saltones, la nariz aguileña; los labios eran casi inexistentes, sólo tenía una abertura a la sombra de la nariz. Su barbilla podría haber sido la de una bruja; el cuello muy largo, todo él era muy largo, mediría un metro noventa, muy delgado y vestido todo de negro. Tenía pinta de enterrador. Por todo ello, Marcos era un hombre tímido, no exento, eso sí, de una vida interior muy cultivada. Quizá por no haber podido desarrollar la suya plenamente. Llegó a su asiento.

Una mujer preciosa ocupaba el 57D, justo a su lado. Se había fijado en ella en la terminal, mientras esperaba el momento de embarcar. Había esperado su turno detrás de ella. Se fijó en cada detalle de su anatomía. su cabello era oscuro, brillante y caía sedosamente sobre sus hombros; tenía los ojos de color chocolate; pómulos marcados; la nariz era perfecta, los labios carnosos, sin carmín, de un rojo natural intenso. El resto de su cuerpo era una melodía de curvas que bailaban acompasadamente al son que marcaban su zapatos de tacón de aguja. Pero lo que más le llamó la atención fue que olía a jazmín.

Ella se levantó para dejarle pasar.

-"Gracias" dijo Marcos. Se sentó y enredó con los folletos que había en el bolsillo del respaldo del asiento de delante.

Casi ocultaba su rostro tras una resvista en la que la compañía aérea ofrecía perfumes, bebidas, despertadores y otras cosas más inservibles aún que las anteriores.

Paloma se sintió intrigada por aquel hombre que se había sentado a su lado. Olía a jabón. Lo agradeció. El ambiente en el avión ya estaba bastante enrarecido con los olores de cada pasajero mezclados, perfumes, olor corporal... Aquel olor a jabón era como una bocanada de aire fresco.

El vuelo sería largo. Viajaban de Madrid a Nueva York. Siete horas de vuelo. La intriga por el singular hombre que se sentaba junto a ella se disipó y una amenazante inquietud comenzó a apoderarse de ellla. La noche, el mar, el avión. No era extraña para ella. Le pasaba siempre que volaba.

Estaban a punto de despegar. Pulsó el botón y, casi inmediatamente, una azafata estaba a su lado.

-"Por favor, ¿Podría traerme una almohada y una manta?"

-"Por supuesto, señorita." Cuando se lo trajeron, se acomodó tanto como le fue posible, se abrochó el cinturón y cerró los ojos con la esperanza de que dormida el vuelo sería más corto y la inquietud que le anudaba la boca del estómago desapareciese.

Poco a poco, su respiración se hizo más lenta. Se había dormido.

Marcos había vuelto a percibir el olor a jazmín. Cerró los ojos y jugó a imaginar qué sucedería si él se atreviese, algún día, a dirigirse a una mujer como aquella. Con los ojos cerrados, el aroma a jazmín se hizo más intenso; la imaginación de Marcos, casi acompañada de música, comenzó a trabajar.

-"Gracias, no tenías que haberte molestado."- Paloma recogía un ramo de flores de las manos de él. -"Me encanta que me hayas llamado para que viniese a buscarte al aeropuerto. Las flores son sólo una casualidad. Se me ocurrió por el camino."

-"De todos modos, muchas gracias, son preciosas. Pero, ¡cuéntame! Hace sigos que no nos vemos; tendrás que ponerme al día."

-"Sigo trabajando en lo mismo, sigo viendo en el mismo sitio y teniendo los mismos vicios, no he dejado de fumar y de adorar ese embriagador olor a jazmín de tu perfume."

Una sonrisa se dibujó en sus labios perfectos. Se removió en su asiento y susurró algo ininteligible. Estaba soñando.

-"Encantada."-había dicho- "Me llamo Paloma Suárez, ¿Conoces Nueva York?"

-"No, es la primera que viajo allí; voy a unas conferencias realcionadas con mi trabajo. ¿Y usted? ¿Ha estado antes allí?"

-"Por favor, no me trates de usted"-dijo, sonrió y añadió-"Sí, viajo con frecuencia a Nueva York, soy diseñadora de moda."

Paloma miraba fíjamente a aquel hombre de voz grave y agradable que no acompañaba en absoluto a aquel cuerpo tan torpemente dibujado. Era agradable, sus facciones se suavizaban con el sonido de su voz.

-"Estoy emocionado con este viaje; ya sabe, perdón, sabes"-sonrió-"todas esas películas, el Empire State, Manhatan, Central Park..."

-"Nueva York es una ciudad maravillosa, seguro que no te decepcionará."

-"Espero tener tiempo para dar un paseo, con tanta conferencia... "

-"¡Tendrás que buscarlo! No he cruzado el Atlántico para que me dejes aparcada en tu apartamento"-dijo entre risas y con una mirada pícara.

-"Claro, tendré que reponer mi dosis de jazmín entre charla y charla"- le contestó Marcos besándola con la mirada.

Ambos se echaron a reir, él por la reclamación de ella, ella por la declaración de él.

-"Estoy deseando visitar Central Park, Manhatan, el Empire State... escenarios de película."

Paloma hablaba de Nueva York como una niña de un parque de atracciones.

-"¡Vaya!, pensé que eso eran cosas de turistas"-dijo él sorprendido.

-"Nunca te cansas de Nueva York"- sentenció ella.

-"Espero que sea así"-deseó Marcos.

-"¿Cómo?" Por un momento , Paloma no sabía dónde estaba. Las luces se habían encendido y ella se había despertado.

-"Usted ha dicho que uno nunca se cansa de Nueva York, y yo he dicho que espero que sea así." Marcos justificó su respuesta sin saber muy bien por qué estaba hablando con aquella deslumbrante mujer.

-"jajajajaja, me he quedado dormida y debo haber hablado en sueños". Pudo sentir cierto sonrojo en sus mejillas al darse cuenta que había estado soñando con aquel hombre durante todo el vuelo, pese a la inocencia de su sueño. -"Espero no haber estado molestándole todo el tiempo"- se disculpó.

-"No, tranquila, yo también estuve soñando."

Cuando no voy en coche


La entrada de hoy es como aquella de hace unos meses de "el pensamiento tonto del día" pero en plan recopilatorio. No, no, no os preocupéis que no se me han acabado las ideas, no os voy a hacer un remix de las entradas anteriores.

Hoy, mientras caminaba por la calle, ha pasado alguien a mi lado y no sé porqué he sentido la necesidad de volver a mirar a esa persona. Sinceramente, no sé por qué. ¿Dónde está la gracia? Pues sí, hay gracia. En vez de girar la cabeza, que sería lo normal... yo ¡¡¡HE BUSCADO EL ESPEJO RETROVISOR A MI IZQUIERDA!!!

No es ésta la primera vez que me sucede, ni la única cosa que me ha pasado yendo caminando y hacer cosas como si fuera en coche. Alguna vez, mentalmente he calculado un itinerario a pie contando con las direcciones prohibidas. Incluso ir caminando y buscando aparcamiento a la vez. Sí, lo sé, esto debe de ser cosa de la edad o de que me estoy transformando en un coche; a ver si voy a ser la nueva novia de Rayo McQueen y no me he enterado...

Lo de perder el coche, es decir, no acordarme dónde lo he aparcado es algo muy muy habitual, ayer la última vez, pero eso es medio normal, ¿no? Nos pasa a todos, ¿a que sí?